Oteiza y Asier Mendizabal, abstracción y política. En torno al Prisionero Político Desconocido
Publicado por Juan Pablo Huércanos el 31 / 01 / 2012

El artista Asier Mendizabal (Ordizia, 1973), ha focalizado su trabajo artístico en torno a los mecanismos de representación de lo simbólico, en especial, en referencia a la formalización de lo político a través de lo artístico, concretamente, de l

o abstracto. La tensión producida por los mensajes políticos y la estética de su medio de reproducción han constituido el objeto de muchos de sus proyectos, que ahondan en los mecanismos que conforman el dispositivo de la representación y la producción del mensaje. Su trabajo, a lo largo de estos años, se ha referido a procesos concretos de ficciones colectivas producidas desde las vanguardias a la actualidad y ha obtenido visibilidad pública en las exposiciones celebradas en el MACBA , Artium, como uno de los premiado en la vigésima edición del certamen Gure Artea, la última edición de la Bienal de Venecia o la reciente exposición en el Museo Reina Sofía de Madrid , donde se produjo este vídeo-entrevista:

Actualmente, Mendizabal presentado su trabajo en la sala londinense Raven Row, donde muestra algunos de sus últimos trabajos, junto con otros proyectos más recientes. Concretamente, Mendizabal ha producido el proyecto A letter arrives at its destination, que revisa el devenir el Concurso internacional para la realización del Monumento al prisionero político desconocido, organizado por el Institute of Contemporary Arts en 1952 en Londres, en el contexto de la guerra fría, y al que Oteiza presentó un proyecto que fue seleccionado para su posterior exposición en Londres un año más tarde, junto con las propuestas de otros artistas del momento como Max Bill, Pevsner, Barbara Hepworth, Naum Gabo, Calder, o incluso Pablo Serrano, que en este caso representaba a Uruguay, además del premiado Reg Butler.

Maqueta del proyecto ganador realizado por Reg ButlerMaqueta del proyecto ganador realizado por Reg Butler

Mendizabal ha producido una edición en formato póster, que incluye la imagen de la maqueta presentada por Oteiza, junto con un texto que pone en cuestión el conflicto de la representación que evidenció el desarrollo del proyecto, intercalando las reflexiones de Oteiza dirigidas al jurado y que publicó en la Revista Nacional de Arquitectura.

Proyecto de Asier Mendizabal en la exposición de Raven RowProyecto de Asier Mendizabal en la exposición de Raven Row

La intervención de Mendizabal resulta sugerente por muchas razones. Primero, porque el Concurso evidenció un momento crítico del arte de mediados del siglo XX, en el que confluían de modo algo caótico diferentes tradiciones estéticas, todavía ligadas a las tendencias postfigurativas o a las de las vanguardias de principios del Siglo XX, enmarcadas en las tensiones políticas postbelicas del momento.

La selección de proyectos seleccionados permite visualizar de manera muy clara ese escenario. En ese sentido, resulta también muy interesante comparar los proyectos con otros monumentos o memoriales postbelicos realizados en otros países en aquellos años. Quizás, uno de los más interesante, que integra con claridad la tradición experimental y abstracta sea el realizado por el colectivo BBPR, en 1946, en el cementerio de Milán, en este caso dedicado a los caídos en los campos de concentración alemanes.

 

Monumento a los caidos en los campos de exterminio alemanes, del colectivo BBPR, 1946Monumento a los caidos en los campos de exterminio alemanes, del colectivo BBPR, 1946

Segundo, porque el Concurso y su azaroso devenir posterior permite visualizar cómo las dos grandes ideologías políticas del momento, la socialista-comunista, por un lado, y la liberal-capitalista, por otro, pugnaron por defender un modelo distinto: la estética figurativa y realista adoptada por el socialismo y el lenguaje abstracto patrocinado por Estados Unidos como símbolo de la libertad del sistema capitalista. Tercero, porque todo ello manifiesta cómo comenzaba a actuar en Europa la política cultural promovida por los Estados Unidos, representada, en este caso, en la figura de Anthony T. J Kloman, promotor del concurso y que presionó para imponer los proyectos ligados a lenguajes abstractos, lo que provocó el boicot de los países del llamado Bloque del Este (en ese sentido, resulta muy esclarecedora la lectura del volumen La CIA y la guerra fría cultural, de Frances Stonor Saunders).

Por último, resulta también significativo que una parte del público y de la crítica denostaron las propuestas más abstractas por considerarlas poco comprometidas o laxas en su capacidad de simbolizar la denuncia de la Guerra o de la memoria de los campos de concentración, muy impregnada en la conciencia colectiva ya fracturada de esos años. Todo ello hacen de este proyecto un acontecimiento ciertamente valioso para comprender el inicio de una nueva era que transformó la historia de la cultura hasta el final de la llamada Guerra fría. Y pone de relieve, en definitiva, las tensiones inherentes al concepto de monumento, derivadas de la intervención en el espacio público y compartido, en un mapa simbólico que supera los márgenes del museo o la galería y que debe negociar con lo colectivo. Es el momento de asistir al conflicto siempre presente de la representación, más acusado aquí por un contexto político y cultural singular y extremo y por su colisión

con lo Real, que ha había manifestado durante la Guerra de modo lacerante y dramático.

Asier Mendizabal da cuenta de todo ello en su texto, en el que se incluyen las consideraciones que Oteiza dirige al jurado, en las que realiza su particular aportación a la necesidad de superar lo que denomina como “confusión acerca de la naturaleza de la escultura”. Oteiza defendió en esa carta abierta dirigida al jurado (que nunca llegó a su destinatario, como incide el título del proyecto de Mendizabal, dado que no trascendió el ámbito nacional) un posicionamiento estético experimental que conciba que la simbolización del monumento no se produce exclusivamente en el tratamiento de su materia y su afán representativo, sino también de su capacidad para activar el espacio y de encarnarse en una estructura de raíz experimental y abstracta. “Esto no significa que la estatua ha perdido su naturaleza, sino que ésta se ha transformado. La estatua se ha hecho liviana, su naturaleza formal, el régimen de tensiones en el espacio ha cambiado”, señala Oteiza, que vinculó la significación de su proyecto con el del mito de Prometeo y la figura del hiperboloide. “La falta de una auténtica vocación de conocimiento, la debilidad estética del alma del escultor, es esta superficialidad de una arte abstracto insuficientemente experimental y la crisis de todo el arte más reciente y de la crítica contemporánea”. En ese sentido, resulta también muy significativo ver que las referencias de Oteiza inciden con precisión en la raíz del problema de la representación que evidenció el Concurso, de modo algo idealista, si bien el escultor era seguramente ajeno a lucha de poder entre las dos grandes ideologías del siglo XX por acaparar el paisaje simbólico que en aquel momento se estaba fraguando.

La propuesta de Oteiza anticipaba ya algunas de las claves del desarrollo estético de su obra posterior, de su Propósito Experimental y el autor interpretó posteriormente esa primera maqueta realizando otras versiones, quizás más acordes con la estética concisa y sintética que adquirió su obra en años posteriores. En cualquier caso, esa deriva del proyecto resulta también significativa e intrigante. Porque, años más tarde, en 1967, Oteiza erigió en una propiedad particular una intervención (luego trasladada a otro emplazamiento) que adaptaba el proyecto original, y que ya sólo por su nueva ubicación le otorga un carácter simbólico completamente diferente.

"Homenaje al Prisionero político desconocido", realizado por Oteiza en 1967, como versión de su maqueta de 1952."Homenaje al Prisionero político desconocido", realizado por Oteiza en 1967, como versión de su maqueta de 1952.

 

Muchos años más tarde, en 1999, el artista guió la colocación de una nueva versión de esta pieza en la Plaza Félix Huarte de Pamplona, en la que la distancia entre los dos elementos confrontados diluye la activación espacial de la pieza inicial, que ya aquí perdió todos los referentes originales del prisionero político o de Prometeo, para pasar a denominarse, de modo más metafórico y menos político, Homenaje al espíritu. Más cercano, sin duda, del cielo que de la tierra que acogió los campos de concentración de los prisioneros políticos de la Gran Guerra.

"Homenaje al espíritu", de Jorge Oteiza, 1999 (versión de la pieza de 1952)."Homenaje al espíritu", de Jorge Oteiza, 1999 (versión de la pieza de 1952).

 

 

 

6 comentarios en “Oteiza y Asier Mendizabal, abstracción y política. En torno al Prisionero Político Desconocido

unai , el 9 February 2012 a las 7:29 AM :
Interesante. ¿Se conserva la maqueta original de Oteiza?
Juanpablo , el 9 February 2012 a las 1:00 PM :
Hola Unai Oteiza envió la maqueta original del proyecto, junto con algunas imágenes del proyecto, al ICA londinense. Después, el material no retornó y se perdió su rastro.En la misiva que acompañaba al material, Oteiza señalaba que su devolución no era necesaria. Por otro lado, en el archivo online del Museo se puede consultar el manuscrito de la carta de Oteiza que se cita en el texto, con algunas anotaciones a mano y añadidos: http://bit.ly/AEosJp saludos, Jph

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