La colección que custodia el Museo Oteiza cuenta con 1.690 esculturas, 800 dibujos, 2.000 estudios del laboratorio de tizas, cerca de 5.000 libros procedentes de su biblioteca personal, además de su extensa hemeroteca y sus innumerables escritos, en fase de catalogación.

La colección de Alzuza posee piezas muy significativas de todos los momentos creativos del escultor y permite realizar un recorrido exhaustivo a través de las diferentes preocupaciones y prácticas escultóricas del artista, estrechamente vinculadas a la evolución de los lenguajes estéticos del arte del siglo XX.

Su legado comienza con una representación de sus creaciones primeras, fechadas a comienzos de los años treinta, de corte figurativo y expresionista. Este conjunto preserva también numerosas piezas realizadas tras el regreso del artista de América en 1948, como algunas realizadas en cerámica y las que progresivamente abandonan sus rasgos figurativos para avanzar en el proceso de vaciamiento y desocupación de la masa, hacia una escultura vertical, ligera y liviana, denominada por el propio artista como transestatua.

La colección se compone también de numerosas piezas pertenecientes al proyecto de intervención escultórica de la basílica de Arantzazu, algunos de sus retratos, así como las piezas que representan sus investigaciones con los llamados módulos de luz, en las que el componente lumínico se convierte en elemento clave de las indagaciones espaciales y en el tratamiento de la proyección espacial de la escultura por ausencia de masa. La colección continúa con numerosos estudios de la “ampliación funcional del muro” vinculados a sus relieves murales y contiene piezas decisivas de la serie de maclas y aperturas de los poliedros como muestras de las investigaciones formales vinculadas a los efectos de la acción dinámica del hiperespacio sobre la escultura.

El legado creativo que conserva el Museo Oteiza continúa con las piezas vinculadas a los sucesivos procesos de vaciamiento y desocupación de las formas geométricas (cubo, cilindro, esfera), muchas de ellas pertenecientes al Propósito Experimental 1956-1957 con el que ganó el Gran Premio de Escultura de la Bienal de Sao Paulo.

El recorrido se completa finalmente con las piezas conclusivas de su experimentación, las cajas vacías y metafísicas, en las que el tratamiento espacial de la escultura culminó con el abandono de la escultura por parte del autor, una vez que el artista culmina su experimentación, desecha la realización de más variantes y constata que “me quedé sin escultura en las manos”.

Un elemento clave de esta colección es el llamado Laboratorio de Tizas, compuesto por piezas de tiza, papel, latón, escayola, madera y corcho, con el que el autor continuó realizando sus indagaciones plásticas después de dar por culminado su Investigación experimental escultórica en 1959.

Este conjunto experimental se completa con los bocetos de relieves para proyectos murales e intervenciones arquitectónicas, así como las maquetas en vidrio para el estudio de la Pared-luz, piezas únicas de gran singularidad e importancia dentro de la colección. se completa así como la colección de dibujos y collages.

1. Obra inicial. La escultura figurativa
2. Arantzazu. Un proyecto para la historia
3. Laboratorio experimental. universo de formas
4. La activación espacial de la estatua
5. La investigación abstracta desde la apertura de los poliedros
6. IV bienal del museo de Arte Moderno. 1957, Sao Paulo
7. El movimiento en el espacio. La desocupación de la esfera
8. Últimas series. en busca del espacio sagrado