El Grupo Gaur y la construcción de lo colectivo
Publicado por Juan Pablo Huércanos el 18 / 04 / 2013

¿Qué significó el Grupo Gaur? ¿Cuál fue la impronta de este grupo de artistas casi cincuenta años después de su creación? Resulta un tanto sorprendente que la interpretación acerca de la significación y la posible influencia del colectivo de artistas formado en 1966 por Amable Arias, Néstor Basterretxea, Eduardo Chillida, Remigio Mendiburu, Jorge Oteiza, Rafael Ruiz Balerdi, José Antonio Sistiaga y José Luis Zumeta genere, todavía hoy, cierta controversia e disparidad de interpretaciones. Así lo ha puesto de manifiesto, una vez más, las recientes jornadas organizadas por el Centro Koldo Mitxelena de Donostia, en las que, con motivo de la reveladora exposición sobre Amable Arias que acoge este espacio, se han celebrados dos mesas redondas en torno a la cuestión Gaur. En la primera de ellas, organizadas el 9 de marzo, participaron dos de los artistas que formaron parte del colectivo y que hoy mantienen viva su memoria, Basterretxea y Sistiaga, (junto con Zumeta, que no pudo asistir), así como los comisarios e historiadores María José Aranzasti y Fernando Golvano, responsable también  de la exposición de Amable. En la segunda sesión, celebrada el jueves siguiente, participaron el profesor y crítico Ismael Manterola, la historiadora Mari Carmen Alonso-Pimentel,  gran experta en la obra de Amable, el artista Ramón Zurriarain (que actualmente expone su obra en el Bellas Artes de Bilbao, como Basterretxea) y Golvano, dando testimonio de la obra de Vicente Ameztoy,  que también se expuso en esas fechas en Koldo Mitxelena Kulturunea.

Portada del catálogo de la exposición del Grupo Gaur en la Galería Barandiaran, 1966. Diseño de Javier Usabiaga.

 

Si bien esta segunda sesión tuvo un carácter más intergeneracional, se abordaron, como en la primera, cuestiones que hicieron referencia a Gaur y a sus artistas. Sin pretender entrar en un pormenorizado relato histórico, lo que parece quedar más claro con el tiempo es que el origen del ese grupo tiene que ver con la propuesta de Sistiaga y Amable Arias de organizar una exposición de artistas abstractos, como elemento de reacción frente a las exposiciones oficiales en las que participaban autores que trabajaban en claves estéticas figurativas y más académicas. A partir de esa idea, comenzó a germinar la voluntad de la constitución de un grupo y ambos autores trabajaron la redacción de un manifiesto y se pusieron en contacto con los artistas que finalmente formaron parte del grupo. En la primera versión de ese documento, que hoy se expone en la exposición de Amable en KMK y que forma parte del archivo de Maru Rizo (y que se publicó en el valioso volumen sobre Amable Arias que escribió Mari Carmen Alonso-Pimentel), se menciona con claridad que esta acción surgió “como protesta a los certámenes de pintura vasca organizados en San Sebastián a espaldas de los propios artistas vascos”. Posteriormente, como relató Sistiaga la pasada jornada, se reescribió el texto definitivo  del manifiesto con Oteiza, “para evitar problemas con la censura” y así se concibió el manifiesto que finalmente se incluyó en el Catálogo del Grupo Gaur, con motivo de la exposición de los artistas del grupo en la Galería Barandiaran en abril de 1966. Como ya es sabido, el grupo permaneció activo durante poco menos de dos años y se disolvió por diversas razones. Una de ellas fue las tensiones que se suscitaron entre Chillida y Oteiza, los posteriores alineamientos que estas provocaron con el consiguiente cisma entre los artistas (razón que provoca, en cierta medida, esta disparidad de interpretaciones y de que durante muchos años, los propios artistas no quisieran hablar del tema). Otra razón esencial, como explicó Sistiaga, es que el final de este colectivo cuya sede oficial era la Galería Barandiaran, fueron los problemas que se generaron cuando, desde la nueva dirección de la  Galería (después de Julio Campal) empezaron a desarrollarse proyectos que no tenían el control de los artistas y se organizan exposiciones con sus obras que ellos no supervisaron. De este modo, esta voluntad de independencia y autogestión tan intrínsecamente vinculada a la esencia de Gaur, comenzó a debilitarse y  se resquebrajó así el proyecto y la implicación de los autores.

Inauguración de la exposición del Grupo Gaur en la Galería Barandiaran, 1966. Foto: Arturo Delgado.

 

Zumeta, Amable Arias y Oteiza en la inauguración de la exposición de la Galería Barandiaran, 1966. Foto: Arturo Delgado.

 

Imagen de la Exposicion del grupo Gaur, con obras de Sistiaga y Amable Arias y el “Homenaje a la txalaparta”, de Mendiburu. Foto: Arturo Delgado.

 

Hasta aquí parte del relato histórico, mucho más extenso y referenciado en numerosas publicaciones y la exposición sobre Constelación Gaur que se celebró en  2004 en la sala de exposiciones de Caja Vital de Vitoria. Pero, volviendo de nuevo a la cuestión primera, ¿qué factores, más allá de la revisión historicista, se deben analizar para poder valorar la significación de este Grupo, considerado como el gran referente del arte realizado en el Gipuzkoa y del País Vasco en la segunda mitad del siglo XX?

El primer aspecto reseñable es que el Grupo Gaur fue una ucronía. La formulación en el propio manifiesto como grupo de vanguardia, constituido en una escuela, en este caso, la Escuela Vasca, con un léxico que remite claramente al utopismo transformador vanguardista, contrasta con la fecha de constitución, 1966, un momento muy alejado las primeras décadas del Siglo XX, momento en el que la acción vanguardista tenía sentido en el contexto transformador del final de la Modernidad. Es posible vislumbrar la voluntad de Oteiza en el propósito de enlazar el presente con un pasado interrumpido por la Guerra Civil y sus demoledoras consecuencias, que tiene como referencia el grupo Gu, constituido por diversos artistas en 1934 como vanguardia donostiarra. Pero así como ese grupo nació en el tiempo que le correspondía,  Gaur  surgió con la intención algo forzada de enlazar un momento con otro, lo que provocó esta cierta dislexia temporal. Este falta de correspondencia pudo ser uno de los factores que provocaron la fugacidad de Gaur,  la dificultad que este modelo grupal tuvo para extenderse por otras provincias, (como era la intención inicial) o el hecho de que las posteriores generaciones de artistas se rigieran por dinámicas distintas que mitigaron su huella e impulsaron modos de expresión colectiva más acordes con su tiempo, siendo éste además, el periodo convulso y contaminador del final del franquismo y la llamada Transición.

 

No existe una foto “oficial” del grupo Gaur, por lo que se ha cita recurrrentemente esta imagen de Fernando Larruquert en la que aparecen Balerdi, Mendiburu, Oteiza, el arquitecto Puig (que no formó parte del grupo), Chillida, Basterretxea y Sistiaga. Faltan los miembros de Gaur Zumeta y Amable Arias.

Collage realizado en 1980 por Amable Arias como parodia de la foto anterior, en la que no aparecen Zumeta ni Amable. La imagen parte de las fotografías de un grupo de conocidos vestidos de luto para el entierro de la sardina de las fiestas de Carnaval.

 

Pero más allá de esta perversa condición temporal, a la que los artistas implicados difícilmente podían dar respuesta, Gaur supuso un nuevo modelo de actuación en la actividad cultural de ese tiempo. La represión cultural y social que atenazaba la sociedad de esos años no dejaba apenas resquicio a las acciones que se realizaban fuera del mundo oficial. Pero esa realidad se trastocó con la irrupción de Gaur, un proyecto creado por los propios artistas sin buscar ningún tipo de beneplácito y asumiendo los costes personales que podía provocar. “Con Gaur pretendíamos ser totalmente independientes”, afirmó el pasado día Sistiaga. Esta actitud, que hoy día puede resultar poco relevante, en aquel momento suponía un atrevimiento absoluto que, pese a todo,  demostró que se podían abrir espacios de libertad en ese escenario asfixiante. Y además, fueron los mismos artistas quienes se propusieron gestionar la galería Barandiaran, sede oficial del grupo, que se constituyó en un oasis en el que se desarrollaron programaciones plásticas y musicales asociadas a lenguajes contemporáneos, recitales y exposiciones de poesía experimental y programa pedagógicos. La iniciativa de Gaur supone, en  sí misma, un modelo de autogestión que fue eficaz, aunque fuera por un espacio breve de tiempo. Pero, sobre todo, que fue el primero y referente de futuras acciones. Y todo ello en un entorno de presión y frente a una sociedad que mayoritariamente lo ignoraba o repudiaba. A Gaur le tocó enfrentarse a un contexto de control férreo en el que por ejemplo, ocurrieron circunstancias como que “el gobernador civil llamaba cada semana a la casa de Dionisio Barandiaran (propietario de la Galería) para amenazarle y decirle que iba a cerrar la galería”, como señaló Sistiaga.

Oteiza se dirige al público asistente a la inauguración de la exposición del Grupo Gaur. A la derecha de Oteiza, Xabier Lete y detrás con bigote, el pintor Carlos Añibarro. Foto: Arturo Delgado

 

Este carácter totalmente privado de la autodenominada Galería de Arte compuesto y el hecho de que los propias artistas fueran quienes establecieron su base programática, como explica la carta que envió Oteiza a Sistiaga en 1965 sobre el posible funcionamiento de la Galería aún por llegar, o las palabras con las que Oteiza presentó la exposición de Gaur en la galería, revelan algunas de las claves de un modelo de autogestión propuesto por los artistas, que era absolutamente revolucionario para la época. En ese sentido, su propio “fracaso” otorga una medida más precisa de sus ambiciones: la Galería Barandiaran no estaba diseñada para ganar dinero, sino para cumplir una función de pedagogía social, “de carácter exclusivamente cultural”, como se afirma en el borrador de  los estatutos que se encuentra en el archivo del Museo Oteiza. Resulta muy revelador, en ese sentido, que se pretendiera que un 25% de las ventas de las obras se destinaran a un fondo común que sirviera para poder cubrir las necesidades eventuales de los artistas, como se revela en el borrador estatutario mencionado, que resume claramente la voluntad fundacional del colectivo. “El grupo Gaur de la escuela vasca forma con galería Barandiaran un núcleo de promoción cultural cuyo fin primero es el de servir de vehículo entre los artista y el pueblo, con objeto de que la cultura artística, en su más amplia significación, sea patrimonio del mayor número de individuos posible, es decir, como término, de la totalidad del conjunto social”.

 

Estas cuestiones logísticas, muy reveladoras e inspiradoras, del modelo que introdujo Gaur, así como su dimensión de servicio social, permanecen muy ligadas a otro de los significados esenciales de este proyecto, que es de haberse constituido como primer proyecto de construcción social de y desde lo colectivo. Gaur situó a los lenguajes artísticos de su tiempo como el foco central de la construcción de ese común y, consiguiera o no el cumplimiento de todos sus objetivos, se constituyó en el referente esencial de cualquier  movimiento surgido posteriormente. De acuerdo con su voluntad, los propios artistas se comprometieron a involucrarse en una gestión colectiva que superaba la dinámica imperante del artista ensimismado en la creación de objetos plásticos y eso supuso un punto de inflexión esencial en el devenir de la propia evolución del arte y de la cultura en la que se insertó este movimiento. Esa función referencial y especular es una de sus grandes aportaciones, que mantiene hoy una vigencia absoluta. La lectura historicista puede tender a minimizar las consecuencias del impacto que provocó su irrupción y que se ha mantenido diferida en el tiempo, pero la comprensión de un contexto cultural en el que nada ocurría sin pasar los filtros de las autoridades franquistas y en el cualquier espacio que expirara libertad parecía una ilusión, otorga a este movimiento una medida más equilibrada de su función simbólica y referencial, que permanece más allá de la impronta del tiempo.

 

 

 

 

 

3 comentarios en “El Grupo Gaur y la construcción de lo colectivo

[…] ‘El Grupo Gaur y la construcción de lo colectivo’, un artículo de  Juan Pablo Huércanos en el blog del Museo Oteiza. […]

Juanpablo , el 15 maiatza 2013 a las 12:37 :

Gracias por el enlace!
Amable Arias es un gran artista. Saludos, Juan Pablo Huércanos.

[…] La Guerra Civil termina con este oasis creativo, unos mueren durante la misma (Aizpúrua y Lekuona), Oteiza (único artista que seguirá evolucionando) emigra a América junto a Narkis Balenciaga (donde muere prematuramente), los que sobreviven, algunos represaliados (Sarriegui), en el San Sebastián de posguerra tienen que olvidarse del arte “actual” para poder subsistir, se iniciará un periodo de 25 años de oscuridad hasta la generación que formó el Grupo Gaur. […]

Utzi erantzuna

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